Desde el nacimiento mismo de un hijo, comenzamos a preocuparnos por su alimentación. Lo habitual en estos casos es estar más tranquilos cuando nuestro hijo come de todo, y justo todo lo contrario cuando presenta ciertas dificultades, o nos parece que come excesivamente poco. Ante este segundo caso, lo primero que hay que decir es que no siempre estaremos ante problemas de alimentación, así que no te alarmes demasiado si es eso lo que te ocurre.

 

Aunque eso sí, si con el tiempo notas que el niño está desarrollando una cierta aversión hacia determinados tipos de alimentos, deberás saber cómo actuar para evitar posibles problemas en su salud en el futuro: esto es lo que se conoce habitualmente bajo el nombre de rechazo alimenticio.

 

El rechazo alimenticio, ¿cuándo supone un verdadero problema de alimentación?

 

A partir de los seis meses, los niños comienzan a probar nuevos alimentos, con nuevos sabores y nuevas texturas. El problema es que no todos los niños los van a aceptar igual de bien, y es posible que se produzca un cierto rechazo alimentario cuyas consecuencias pueden llegar a ser muy negativas.

 

El primer indicio que nos dice si nuestro hijo está comiendo bien o no, lo encontraremos en su peso y en su estado de ánimo y salud. Si notamos que está en su peso y vemos que juega, corre y está sonriente y activo, lo más probable es que se encuentre muy bien nutrido. Pero por desgracia, esto no siempre va a ser así. Si a partir de los ocho meses el niño sigue alimentándose casi exclusivamente a base de leche, el riesgo de que padezca anemia u otras enfermedades se incrementa mucho (aunque en realidad pueda parecer estar completamente sano gracias a la leche).

 

¿Qué hacer frente al rechazo alimenticio de nuestros hijos?

 

Lo primero que se debe hacer es evitar las distracciones a la hora de comer, y en ese sentido la reina de las distracciones es sin duda la televisión. Queremos que el niño aprenda a darle a la comida la importancia que tiene, y la televisión no nos ayuda nada en este punto.

 

Para que nuestro hijo comprenda que nosotros valoramos muy positivamente que se coma los alimentos que le hemos puesto en el plato, resulta muy importante que centre toda su atención en la comida. Pero además, también podemos recurrir a los refuerzos positivos. Utilizar juegos para conseguir que nuestro hijo coma puede ser muy útil en determinados momentos, ¿pero qué tal si le motivamos de otras maneras? Por ejemplo, podemos animarle a “comer como comen los mayores”, reforzándolo con una sonrisa o con un aplauso.

 

Ahora que ya conocemos algunos trucos, solo nos quedará aplicarlos. No obstante, si no conseguimos que nuestro hijo coma, siempre podemos recurrir a la terapia ocupacional.

 

En ocasiones, el causante principal del rechazo alimentario de nuestro hijo es un problema en su forma de procesar sensorialmente ciertos alimentos. Para este tipo de casos, la terapia organizacional resulta ideal. Si quieres obtener más información sobre este tipo de terapia, no dudes en visitar nuestra página.

 

Fuentes de referencia

http://www.proyectoaprende.com/terapia-ocupacional/

https://www.bebesymas.com/alimentacion-para-bebes-y-ninos/ninos-que-comen-poco

https://www.guiainfantil.com/articulos/alimentacion/errores-mas-comunes-a-la-hora-de-comer-de-los-ninos/

http://www.inpaula.com/es/noticias/descubre-lo-que-un-terapeuta-ocupacional-infantil-puede-hacer-por-ti